Heme aquí sentada en la banca de aquel viejo parque en el que algún día jugué, es una lluviosa tarde de viernes; estoy exhausta y solo quiero despejar y alejar mi mente de aquel mundo consumista de pantallas. Mientras veía la gente pasar y los niños jugar la brisa que enredaba mi cabello y también mis pensamientos, le daba una sensación de nostalgia y melancolía a la tarde que junto con el atardecer traían recuerdos a mi mente. Viene otra vez a mi cabeza la imagen de aquella mujer que en tiempos de colegio mi amiga fue y con ella el recuerdo de su gran historia de amor de la cual fui testigo.
Todo comenzó como un típico amor de colegio, ella era una pequeña insegura y miedosa y él era el hombre ideal: tierno, inteligente, caballeroso, respetuoso y atractivo; era su primer amor…
El iluminaba el rostro de aquella pequeña y lograba transformar sus penas en alegrías, llevaban tres semanas juntos y para ella habían sido los mejores días de su vida debido a que el la trataba como una princesa en un cuento de hadas; respetaba y apoyaba cada una de las decisiones que ella tomaba.
El lunes de esa semana ella sentada frente a su computador y sin nada interesante que hacer decidió volver a chatear con amigos de los cuales hace mucho tiempo no sabía; entre ellos un joven: alto ,mayor que ella, despreocupado ,tierno y cariñoso por el cual meses antes había sentido algo.
Este chico había hecho cambiar su forma de pensar y su forma de actuar y en pocos días renació aquel lo que algún día sintió por el .
Ella no quería hacer sufrir a su novio y por eso decidió terminar con tan bonita relación. Esto fue un gran error, intente advertírselo pero ella no veía mas allá de su capricho al cual llamaba amor.
Ella dejo pasar una semana para volver a hablar con aquel joven que supuestamente “amaba” pero no lo pudo encontrar ni por teléfono, ni en su casa ni en el chat. Ella triste salió a caminar por este mismo parque y se encontró con la imagen que tal vez sus ojos nunca quisieron ver aquel chico que tanto anhelaba salía con una de sus muchas amigas, pero esta imagen no fue tan dura, como el darse cuenta del error que había cometido dejando a ese hombre ideal que algún día fue su novio y que ya tenía alguien que en verdad valoraba su forma de ser.
Ciertamente allí me di cuenta que aquel viejo refrán que dice “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde” es muy sabio y que tal vez hay que saber escuchar los consejos de aquellas personas que nos rodean y que están viendo la realidad y no solo lo que el corazón quiere ver, aunque no fui yo la persona que sufrió este amor soy yo la persona que aprendió la lección porque ella siguio tan ciega que volvió y se ilusionó y ese último error la muerte le causo. Se suicido de pena de amor en aquella habitación donde frente a un computador ella lo conoció.